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Interreligious and Intercultural Dialogue Congress, Bilbao-2005

Azkarraga
Sesión de Clausura - Congreso Internacional sobre el Diálogo Intercultural e Interreligioso en Bilbao


Egun on…

Zuen topaketaren azken txandan, gure gobernuaren poza helarazi nahi dizuet, hau bezalako biltzarra Bilbon, Euskal Herrian, egin izanagatik, baita biltzarraren esanahiagatik ere, euskal gizartean bakea lortzeko dagoen irrika partikularra eta munduan ere dagoen bake-gura unibertsala lotu baititu.

Gure artean, gainera, bake-gogo hori indartsuagoa da, bidegabeko eta alferrikako sufrimenduak geldiarazteko eta politika normalizazioa ekartzeko ibilbidea ibiltzeko premian gaudelako. Prozesu horri esker, euskal gizarteak bere ahalmen zibilizatzailea are gehiago areagotzeko aukera izango du, elkarbizitzarako beste esparru bat –-justua, askea, demokratikoa eta munduko gainerako herriekin solidarioa– eratze aldera.

Considero que el tema que habéis elegido para vuestros debates "Nuevos desafíos en un mundo que ansía la paz", ha sido especialmente acertado. Y más teniendo en cuenta que el contexto en que habeis planteado este reto es el del Diálogo intercultural e interreligioso.

No se trata de un binomio –el de paz y diálogo- casual o fruto de inercias. Al contrario, creo que identifica con acierto y lucidez una de las claves básicas para entender la compleja evolución de nuestro mundo.

Las ansias de paz, como paz universal, enlazan con la herencia directa de la edad moderna que, con su proyecto ilustrado de universalidad de valores, creyó en la razón del ser humano como garantía de consecución de una sociedad justa, igualitaria y fraterna.

Pero la brutalidad y barbarie que supusieron las dos guerras mundiales en el siglo XX truncaron el optimismo del sueño ilustrado: el sueño de la razón produce monstruos como ya vislumbró lúcidamente Goya.

La sociedad internacional, horrorizada por su propio potencial destructivo y de inhumanidad, alumbró la Declaración Universal de los Derechos Humanos como vía para evitar que semejante cataclismo de horror volviera a producirse.

Esta Declaración, así como los Pactos de Derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de 1966, supusieron un primer paso de gigante hacia la consecución de una sociedad justa, igualitaria, libre y solidaria.

Todo el programa normativo de los derechos humanos hereda la transmisión de los valores y principios más sublimes, más humanos, que proclaman las distintas religiones. Esto es , existe un punto de encuentro común entre las tradiciones religiosas de promoción del ser humano y los derechos humanos.

Los derechos humanos, que nacieron en primer lugar como barreras frente a los posibles abusos del poder, han evolucionado hacia otras funciones. Hoy constituyen el fundamento de cualquier sistema de convivencia. Por ello, la defensa de los DDHH y su promoción, tanto en su dimensión individual como colectiva, es algo que atañe a la propia ciudadanía, a la sociedad entera y a todas las organizaciones que la componen.

Hoy existe una necesidad de diálogo y entendimiento entre culturas y religiones. Pero no resulta sencillo construir un suelo ético común que no ahogue ni destruya la riqueza de la diversidad cultural. La conciliación armónica de la dimensión individual y colectiva de los derechos humanos resulta ser, precisamente, uno de los retos más acuciantes.

El salto desde el plano individual de preservación de espacios de libertad para todo ser humano hacia la construcción de una arquitectura social justa pasa, necesariamente, por el debate respetuoso de los diversos proyectos sociales. No cabrá construir un sistema de convivencia justo sin diálogo entre culturas y particularmente entre religiones.

Por otro lado, el debate en torno a proyectos colectivos es, probablemente, un signo de los tiempos que atraviesa todo intento contemporáneo de entender y construir nuestro mundo. Por eso decía al principio que el binomio Paz y diálogo no es casual. Desde una concepción positiva de la paz, ésta es algo más que ausencia de violencia.

La paz debe dotarse de un contenido de justicia. La verdadera paz persigue la eliminación de la violencia estructural al tiempo que busca la armonía social y el respeto a los derechos de todos.

Termino parafraseando al teólogo Hans Küng. El dice que no hay supervivencia sin una ética mundial. No hay paz mundial sin paz religiosa. No hay paz religiosa sin diálogo entre religiones.

Creo que el diálogo sincero, la escucha de posiciones encontradas, la voluntad de pacto, la conciencia humilde de la ausencia de verdad plena y la interlocución de buena fe con elementos esenciales para la paz, también en Euskal Herria. Por eso debemos felicitarnos por iniciativas como la presente que inciden en la clave de solución para recuperar los grandes proyectos de un mundo justo y en paz.

Deseo de verdad, que vuestra estancia entre nosotros os haya resultado agradable. Quiero que sepáis, que este País os acogerá siempre como amigos que sois.

Eskerrik asko.


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