ComCenterFoto

NUEVOS DESAFIOS EN UN MUNDO QUE ANSIA LA PAZ

Barandiaran Kristau Alkartea – Pax Romana (Movimiento Internacional de Intelectuales Católicos) UNESCO Etxea

estimulados por las muchas intervenciones y debates durante el congreso y los seminarios celebrados a continuación del mismo, y conscientes de los motivos que nos movieron a organizar este evento, sus organizadores deseamos llamar la atención sobre ciertos elementos claves que, habiendo cristalizado durante los trabajos del congreso, han de guiar las decisiones y opciones concretas relacionadas con la interacción entre las diferentes culturas y religiones que van a jugar un papel importante en nuestro futuro común.



1. El sufrimiento es inevitable en toda vida humana; sin embargo, el sufrimiento causado por las desigualdades sociales y las estructuras injustas en nuestro mundo no es inevitable. Si las víctimas de las desigualdades no son reconocidas y si no se responde a la injusticia de que estas víctimas son objeto, existe muy poca esperanza de que su inevitable lucha contra dicha injusticia pueda estar guiada por el deseo de paz. Dada la rica diversidad de religiones y culturas a lo ancho del mundo, los recursos para responder pacíficamente a estos problemas parecen inmensos, pero, en realidad, esta diversidad se convierte en muchas ocasiones en causa de su agravamiento.

2. La diversidad de culturas y religiones ya no se define principalmente por las fronteras de los estados. Las estructuras cambiantes de la sociedad actual, especialmente en los grandes centros urbanos del mundo, está difundiendo esta diversidad de modo cada vez más amplio. La naturaleza de la economía global, que ha llevado a un incremento muy notable de los movimientos migratorios, ha hecho que personas de diferentes culturas y religiones tengan que vivir en proximidad. Esto ha originado frecuentemente tensiones y conflictos derivados de que cada grupo trate de mantener su identidad enfrente del “otro”. Muchas veces, tales intentos por mantener la propia identidad se hacen a costa de los derechos e identidades propias de los otros grupos.

3. Si bien es preciso reconocer que la diversidad despierta el miedo de perder tanto la identidad como el sentido de comunidad y parece amenazar las creencias y visiones de la vida propias de cada cual, todos sabemos por experiencia que, por otra parte, la diversidad en sí misma es un hecho básico de la existencia y una condición indispensable para la mejora de la vida humana.

4. No es suficiente con encontrar una manera de coexistir en mutua tolerancia en una sociedad multicultural y multirreligiosa. Si las diferencias que dividen se convierten en guetos amurallados, la paz resultante será siempre frágil y estará amenazada por el peligro de que se manifiesten con mayor o menor virulencia hostilidades que, aunque normalmente inexpresadas, se hallan firmemente asentadas.

5. Se necesita claramente una base común universal para dar salida a las cuestiones éticas que el mundo actual plantea. Pero para ser verdaderamente universal, debe reflejar la diversidad de los pueblos a los que debe servir como tal base común, sin suponer simplemente que debe trascenderlos. El único modo en que se puede asegurar esto es garantizando la existencia de un foro de expresión para las diversas voces. Este debe ser el espíritu en el que las diferentes culturas y religiones se reúnan a dialogar.

6. Dado que tal diálogo es una necesidad para la consecución pacífica de un nuevo orden social y no sólo un lujo para un puñado de especialistas, es clave que el mismo se desarrolle en todos los niveles de la sociedad y en todas las formas necesarias.

7. Sin embargo, en la medida en que el diálogo refleja la diversidad de la sociedad en la que acontece, es natural que en su desarrollo se manifiesten los desequilibrios y prejuicios que lo hacen necesario. Por esta razón, debe estar acompañado por una sana sospecha acerca de sus motivos, propósitos y reglas.

8. Al mismo tiempo, la llamada a dialogar no debe limitarse a aquellas ocasiones en las cuales hay que encontrar una solución a los problemas puntuales que se originan en la sociedad. Sólo si el diálogo conduce a un cambio de los corazones que se concreta en un cambio de vida, podrá contribuir al establecimiento de una base común sobre la cual todas las partes puedan construir un futuro para todos.

9. El movimiento en estos tiempos hacia sociedades realmente interculturales e interreligiosas debe ser por tanto abrazado y promovido. La responsabilidad de sostener este espíritu a pesar de todas las dificultades recae de manera particular en los educadores, en las múltiples organizaciones de la sociedad civil y en los líderes religiosos. La tarea de plasmarlo en reformas concretas y estructurales recae principalmente, sin excluir a los agentes anteriores, en aquellos a los que ha sido encomendado el gobierno de las instituciones de nuestras sociedades. Pero, sobre todo, los frutos del diálogo entre culturas y religiones nacen de la transformación de los hábitos de la vida de cada día.

Bilbao, 17 de diciembre de 2005



ComCenter  •  Home